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El INTA logró el registro de la patente internacional de una tecnología vinculada a las vacunas

Se trata de la primera molécula sintética para optimizar la acción profiláctica de las vacunas.

Un grupo de investigadores del INTA logró el registro de la patente internacional de la primera molécula sintética para optimizar la acción profiláctica de las vacunas. Es un trabajo que se realizó a partir de la nanotecnología, un técnica innovadora que puede impulsar a la competitiva industria que produce y exporta insumos veterinarios en el país, así como ya se aplica también en la industria de los agroquímicos.

Esta molécula permite formular “nanovehículos” que se direccionan hacia determinadas células del sistema inmunológico para mejorar la eficiencia de las vacunas en los animales. Juan Sebastián Pappalardo, del Grupo de Salud Animal del INTA Bariloche, fue quien ideó esta plataforma, junto con los científicos Vladimir Torchilin y Tatyana Levchenko, de la Universidad «Northeastern», en Estados Unidos.

En el mundo de lo extremadamente pequeño –un nanómetro es la millonésima parte del milímetro–, biólogos, físicos, químicos, bioquímicos e ingenieros de diversas especialidades, manipulan la materia en dimensiones de 1 a 500 nanómetros. En ese universo diminuto, los materiales presentan propiedades no imaginables en las dimensiones macroscópicas. Las nanopartículas de oro, por ejemplo, pueden tener otros colores como rojo, verde o azul.

Esta tecnología, además, abre la posibilidad de pensar en elementos que penetren en zonas específicas, como es el caso de los medicamentos, para que puedan ser dirigidos a un tumor y no a los tejidos sanos que lo rodean. Los investigadores aprovechan estas propiedades para crear nanomateriales o dispositivos nanotecnológicos.

“El trabajo que terminó en la obtención de la patente internacional comenzó con el desarrollo de una molécula compleja -explicó-, que consta de un azúcar anclado a un polímero y éste, a su vez, a un fosfolípido que se inserta en el nanovehículo”. Esta molécula direccionadora se asocia a un liposoma y se obtiene una nanopartícula de 150 a 250 nanómetros.

“Dirigirla, permite que se adhiera a uno de los receptores de la célula dendrítica del sistema inmunológico. Esto es lo que la hace tan efectiva, porque va a la célula encargada de disparar la respuesta inmune”, destacó.

Para el patentamiento, se realizaron ensayos in vitro en células de distintas especies, que comprobaron el éxito de la molécula. Posteriormente, junto con el Grupo de Salud Animal del INTA Bariloche, dirigido por Carlos Robles, que posee la tecnología para producir antígenos de Brucella ovis, iniciaron los ensayos en ratones y a campo de vacunación de carneros.

Para Ana Laura Zamit, del Instituto de Virología del INTA, es una tecnología que va a ser disruptiva, por lo que es clave que el INTA se suba fuertemente a esta movida. En esa línea dijo que en el 2010 los experimentos para completar la patente de la molécula sintética plantearon la necesidad de crear el Laboratorio de Bionanotecnología del INTA, que funciona en el Instituto de Virología del INTA Castelar, con el objetivo de diseñar y mejorar vacunas y dispositivos portátiles para diagnosticar enfermedades.

“Lo concebimos con la idea de crear un laboratorio dedicado a desarrollar nanotecnologías para aplicarlas”, recordó Zamit.. En su origen, se plantearon dos líneas orientadas a la salud animal. Una vinculada a la prevención –a las vacunas– y la otra al diagnóstico, con la meta de diseñar sistemas portátiles para hacer detección a campo de enfermedades.

Según Zamit, la clave para impulsar este tipo de proyectos es el trabajo colaborativo con instituciones como el INTI, la Comisión Nacional de Energía Atómica y centros del exterior, que ya tienen el equipamiento y las capacidades.

 

Publicado el 13 de mayo de 2015                                                                          FUENTE: Clarin